Posted by karla.andrade | Posted in General | Posted on 29-01-2011
Las propiedades atribuidas a la dieta mediterránea no podían ser mejores. Es considerada muy saludable y no sólo por basarse en el consumo de frutas, verduras y legumbres, sino también de cereales y del aceite de oliva. Quizás por eso sea uno de los principales reclamos publicitarios de nuestro país.
Los expertos suelen decir que el consumo habitual de la dieta mediterránea reduce el riesgo del deterioro cognitivo, causado por el envejecimiento. Dado que nuestra población es significativamente mayor, esa dieta puede literalmente salvarnos de enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson.
De ella también se dice que aumenta los niveles energéticos, es antioxidante, evita la obesidad -uno de los grandes males de la sociedad de los siglos XX-XX-, previene las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y el cáncer, y es una excelente depuradora de los residuos y toxinas de nuestro organismo.
Es considerada una dieta balanceada dado que se basa en el consumo de alimentos frescos cuyos efectos beneficiosos para la salud están ampliamente demostrados. Además, el consumo complementar de pescado y marisco aporta las proteínas necesarias, a parte de ser bajo en grasa y rico en ácidos grasos omega 3 -fundamental para la salud del cerebro y del corazón, a parte de ser un potente antidepresivo-.
El vino del Mediterráneo también es uno de los platos fuertes de la dieta de la región. A él se asocian beneficios cardioprotectores, desde que el consumo sea moderado.
Pero todavía nos queda una duda: ¿Si el consumo de una dieta rica y variada como la mediterránea nos aporta tantos beneficios, por qué poco a poco la sustituimos por la comida procesada y alimentos ricos en grasas, tan perjudiciales para la salud?
